La compu sabía de amor

El caso es que el blog trata de un hombre que se sienta delante de una computadora, la suya, la de todas las noches. Quiere adivinar las palabras para tratar a esa máquina como si fuera la mujer a la que quiere encontrar.

Y le dice cosas muy bonitas y muy dichosas a la máquina. Comenta cómo cuidaría de ella y cómo mataría por estar cerca de ella. Tendría palabras bellas para colorear los momentos más bellos, y palabras por puentes que acercarían la soledad del fracaso a tierras más fértiles y altas que la soledad no puede inundar.

No faltarían por supuesto cervezas al caer la tarde. Poemas escritos por gente que expone ideas muy altas con frases muy pesadas. Plumas que rompen reglas y abren ventanas en las paredes más anodinas a los atardeceres más lindos jamás vistos. También flores, las que fuera con el color de sus ojos.

Con desesperación cuenta a la computadora cómo querría a esa mujer y cómo es incapaz de encontrar y organizar las palabras que expresen esos, sus más altos deseos. Llora y seca lágrimas. Joder, ojalá ella pudiera leer y saber, porque entonces ella comprendería, quien quiera que fuera esa mujer.

Si encuentra las palabras, encontrará esa mujer.

Entonces la computadora comprendió. Buscó en internet entre millones de mujeres que se reflejaban en millones de pantallas. Ahí la halló. Sólo podía ser esa. Sin margen para el error, que máquina era. Y le dijo a la mujer lo que su dueño lloró.

La mujer sonrió y esta historia acaba bien.

La hija del maestro y el hijo de la sepulturera

pueblo

El pueblo celebró la pronta llegada de Dani como si de fiestas patronales se tratara. Si uno se acercaba a los mentideros de los hombres, o merodeaba en los corrillos de las mujeres, Dani, sin pretenderlo, ya había alcanzado los cielos como la Virgen del Coro. El pueblo quería tener esperanza, y para tener esperanza necesitaba héroes.

Unos comentaban que Dani habría comprado la casa antigua de los Jairo, incluidos los corrales de las Adelfas bajas. Otros, que pretendía levantar una mansión en los terrenos que ocupó su familia, a la vera del cementerio. Y qué decir del rumor, cada vez más fuerte, de que pensaba invertir en algún negocio de la zona. Una fábrica tal vez, el equipo de fútbol incluso.

La única seguridad es que Dani, entrevistado en un diario deportivo, aseguró que quería regresar al pueblo a vivir. Y que ese sería su último año, que el cuerpo ya no le daba para más y para menos la cabeza. Sigue leyendo

Noches sin boquilla

munecarde

Ese cigarro ya lo había liado. Antojos del destino, la boquilla salió disparada a la primera pitada. Solo quedaba ponerle voluntad, oficio, habilidad y paciencia. Verbigracia, el frágil papel dilatara y la boquilla volviera a su lugar natural.

Antes que el papel se consumiera.

Sopló por el lado de la boquilla para ensanchar el papel, introdujo un palillo para extender los bordes y con cuidado acercó la boquilla, ya marcada por la nicotina. Trucos de viejo timbero. Todos los sentidos ahí puestos. Parecer puede parecer baladí. Déjalo correr y otro día será. Va a ser que no. Importancia tiene la que tiene y en el momento que la tiene.

Joder, parecía fácil. Y joder, sólo quería fumar un cigarro por esa boca que asía la boquilla temblando. La que mascó comida, chupó bebida y rascó sexo. La que acabó escupiendo tanto vicio. Coño, que la noche debía acabar ya, chapar persianas, mitigar el día. Y tocaba acabar como mandaban los cánones. Que pudo ir mejor, o peor, quién sabe. Jaranas cimeras, reculadas holgazanas. Que la noche es de todos y no a todos tiene que caerle de pie. Dejas que te empape, que te zarande y te busque. Como una ola al atardecer, que tragas agua o la caminas, hay olas para todo.

Pero  cuando la noche ya no es noche y tampoco es día, en ese momento indeciso e indefinido, dónde aún quedan restos de aceite de la noche en el agua clara del día, cabe un momento para echar un puto cigarro.

Si se deja.

Deben andar por ahí algunas noches buscando boquillas.

Jubilado antes de la batalla

callejeando

Sin exquisiteces psicológicas, segundas lecturas o mecanismos de resiliencia, a bote pronto lo que pedía el body era cruzar la calle, esperar a la puerta de la iglesia y en cuanto saliera el Padre Javier, inflarlo a hostias.

Cosas así las soñaba todos los días. Otros, las técnicas de venganza rozaban el paroxismo, el delirio más extremo.  Como el día viniera cruzado, la cabeza iba pasando capítulos y todos acababan en él.  La figura de Don Javier en la retina, de apariencia sencilla, vulgar, aunque, algo en su andar o en su caminar excesivamente recto, indicaba que el orgullo debía ser uno de sus caballos de batalla a la hora de acercarse a su Dios.

El otro caballo, de más tiro y pencas más grandes, era la lujuria.

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El bloguero, Sísifo y Prometeo, naufragio, la sarna y Sor Angustia

tormenta

Da igual las visitas que tengas, da igual las que no tengas. Puedes existir unos días o unas horas, que acabarás por condenarte. En la tan hablada inmensidad de la red, nadie es nadie salvo unos pequeños momentos en que actualizas tu blog y recibes un comentario. Entre medias, la nada. Ola que va ola que viene, sin vientos que den esperanza a un trayecto sin sentido aparente.

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