El Blog y el púlpito

espuma

O como no me subiré a ningún púlpito y el párroco se convierte en ebanista.

El problema de que todos tengamos un lugar para vocear estriba en cada para hacerse oír se necesita alzar más la voz que los demás. Demasiadas capillas todas juntas para tan pocos feligreses. No es que el volumen de o quite razones. Sencillamente, uno tiene que buscar las maneras de que el púlpito sea más alto, más reluciente y que convoque a cuanta más gente mejor, a riesgo de que en ocasiones, bastantes, se pierde el  objetivo o la razón nuclear de ponerse delante de la pantalla a escribir. El mero y simple hecho de una catarsis que uno quiere compartir con más gente.

La dictadura de la forma sobre los fondos. Marketing al poder. Marketing es una de las palabras que más detestamos unos cuantos. Ese sacerdote que cuando ha conseguido llenar la bancada se da cuenta que ya no se acuerda qué y con qué sermón aplastar a la concurrencia.

El manejo de la red, en la más de las veces, es quien atrae a los parroquianos a misa. Si eres hábil tocando aquí y allá aparecerás como la flor más visible del jardín. Y después introduce y calza post y más post que debes presentar como el pastel más dulce. Nada de comentarios demasiados comprometidos, nada de politiqueos, ni hablar de que se te ocurra mostrarte negativo en los titulares… No olvidar a quien diriges tu blog, el target famoso y otros vocablos sacados de las escuelas de marketing. Ojo, que aún sin entrar en aspectos más técnicos que, si bien son útiles, no vamos a pecar de ingenuos, dan un dolor de cabeza cojonudo.

Prácticamente, para cada uno de estos aspectos existe un blog que ayuda a modificar tus detestables maneras de manejar tu estrecho y ajado púlpito. Antes de fundar tu parroquia, visita otras más catedrales más antiguas, altas y brillantes. Bien, es lo que hay. Y si no te gusta dedícate a otra cosa, aunque a uno se le salten las grapas pensando que, coño, algo interesante debe tener uno para decir para acabar gastando el tiempo en levantar tu estrado.

En resumen, que para ser un buen párroco de pueblo primero tenemos que ser ebanistas. Joderum totum.

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