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Habemus blog

manos

Esta es, según parece, la continuación natural de mi libro de cuentos Castizo pero Universal. La única certeza.

A partir de aquí, tenemos una bienvenida lógica y natural, desde el positivismo que la red aconseja demostrar y esparcir a los cuatro vientos. Empaquete en un halo de falsa modestia y pequeñas expectativas, sírvase frío, agitar y pelotazo. A saber, algo así:

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La hija del maestro y el hijo de la sepulturera

pueblo

El pueblo celebró la pronta llegada de Dani como si de fiestas patronales se tratara. Si uno se acercaba a los mentideros de los hombres, o merodeaba en los corrillos de las mujeres, Dani, sin pretenderlo, ya había alcanzado los cielos como la Virgen del Coro. El pueblo quería tener esperanza, y para tener esperanza necesitaba héroes.

Unos comentaban que Dani habría comprado la casa antigua de los Jairo, incluidos los corrales de las Adelfas bajas. Otros, que pretendía levantar una mansión en los terrenos que ocupó su familia, a la vera del cementerio. Y qué decir del rumor, cada vez más fuerte, de que pensaba invertir en algún negocio de la zona. Una fábrica tal vez, el equipo de fútbol incluso.

La única seguridad es que Dani, entrevistado en un diario deportivo, aseguró que quería regresar al pueblo a vivir. Y que ese sería su último año, que el cuerpo ya no le daba para más y para menos la cabeza. Sigue leyendo

Noches sin boquilla

munecarde

Ese cigarro ya lo había liado. Antojos del destino, la boquilla salió disparada a la primera pitada. Solo quedaba ponerle voluntad, oficio, habilidad y paciencia. Verbigracia, el frágil papel dilatara y la boquilla volviera a su lugar natural.

Antes que el papel se consumiera.

Sopló por el lado de la boquilla para ensanchar el papel, introdujo un palillo para extender los bordes y con cuidado acercó la boquilla, ya marcada por la nicotina. Trucos de viejo timbero. Todos los sentidos ahí puestos. Parecer puede parecer baladí. Déjalo correr y otro día será. Va a ser que no. Importancia tiene la que tiene y en el momento que la tiene.

Joder, parecía fácil. Y joder, sólo quería fumar un cigarro por esa boca que asía la boquilla temblando. La que mascó comida, chupó bebida y rascó sexo. La que acabó escupiendo tanto vicio. Coño, que la noche debía acabar ya, chapar persianas, mitigar el día. Y tocaba acabar como mandaban los cánones. Que pudo ir mejor, o peor, quién sabe. Jaranas cimeras, reculadas holgazanas. Que la noche es de todos y no a todos tiene que caerle de pie. Dejas que te empape, que te zarande y te busque. Como una ola al atardecer, que tragas agua o la caminas, hay olas para todo.

Pero  cuando la noche ya no es noche y tampoco es día, en ese momento indeciso e indefinido, dónde aún quedan restos de aceite de la noche en el agua clara del día, cabe un momento para echar un puto cigarro.

Si se deja.

Deben andar por ahí algunas noches buscando boquillas.

Jubilado antes de la batalla

callejeando

Sin exquisiteces psicológicas, segundas lecturas o mecanismos de resiliencia, a bote pronto lo que pedía el body era cruzar la calle, esperar a la puerta de la iglesia y en cuanto saliera el Padre Javier, inflarlo a hostias.

Cosas así las soñaba todos los días. Otros, las técnicas de venganza rozaban el paroxismo, el delirio más extremo.  Como el día viniera cruzado, la cabeza iba pasando capítulos y todos acababan en él.  La figura de Don Javier en la retina, de apariencia sencilla, vulgar, aunque, algo en su andar o en su caminar excesivamente recto, indicaba que el orgullo debía ser uno de sus caballos de batalla a la hora de acercarse a su Dios.

El otro caballo, de más tiro y pencas más grandes, era la lujuria.

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El bloguero, Sísifo y Prometeo, naufragio, la sarna y Sor Angustia

tormenta

Da igual las visitas que tengas, da igual las que no tengas. Puedes existir unos días o unas horas, que acabarás por condenarte. En la tan hablada inmensidad de la red, nadie es nadie salvo unos pequeños momentos en que actualizas tu blog y recibes un comentario. Entre medias, la nada. Ola que va ola que viene, sin vientos que den esperanza a un trayecto sin sentido aparente.

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Reflejos de la nostalgia

lilas

No sabía que esperar. Quizás el reflejo de su hermano en los charcos del porche de la entrada, las colillas en el cenicero de piedra o algún vaso olvidado con restos de orujo de la noche anterior. Nada de televisión. A Pepe le gustaba Pepe olisquear la oscuridad enfundado en una manta de lana gruesa agujereada por los cigarros y roída por los bordes, a lo sumo un libro en el regazo o uno de los perros abandonados que acababa por adoptar. Sigue leyendo

El Blog y el púlpito

espuma

O como no me subiré a ningún púlpito y el párroco se convierte en ebanista.

El problema de que todos tengamos un lugar para vocear estriba en cada para hacerse oír se necesita alzar más la voz que los demás. Demasiadas capillas todas juntas para tan pocos feligreses. No es que el volumen de o quite razones. Sencillamente, uno tiene que buscar las maneras de que el púlpito sea más alto, más reluciente y que convoque a cuanta más gente mejor, a riesgo de que en ocasiones, bastantes, se pierde el  objetivo o la razón nuclear de ponerse delante de la pantalla a escribir. El mero y simple hecho de una catarsis que uno quiere compartir con más gente.

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